Toda medida que inyecta corriente continua en un devanado —la resistencia de devanados, la más habitual— deja el núcleo magnetizado. Ese magnetismo remanente altera cualquier ensayo posterior que dependa del circuito magnético y, si el transformador se energiza así, provoca una corriente de conexión mucho mayor de la normal que puede disparar las protecciones.
La desmagnetización elimina ese remanente aplicando una secuencia de corriente alterna o continua de polaridad alternada y amplitud decreciente, que recorre ciclos de histéresis cada vez más pequeños hasta dejar el núcleo en un estado neutro. Los equipos modernos la incorporan como función automática al final de la medida.
Omitirla es una fuente frecuente de resultados incoherentes: corrientes de excitación disparadas, medidas de relación de transformación inestables y lecturas de impedancia que no cuadran con el histórico. Como regla práctica, se desmagnetiza siempre antes de dar por terminada la campaña de pruebas.