Cuando el campo eléctrico en la superficie de un conductor supera la rigidez dieléctrica del aire que lo rodea, ese aire se ioniza en una capa fina y aparece el efecto corona. No llega a ser un arco: no puentea nada, pero consume energía de forma continua.
Se manifiesta de varias maneras a la vez, y cada una da un método de detección. Emite ruido audible y ultrasonidos, que localiza un detector direccional; emite radiación ultravioleta, que ve una cámara corona; y produce ozono y óxidos de nitrógeno, que atacan los aislantes poliméricos y los herrajes. También genera interferencias de radio.
Aparece donde el campo se concentra: puntas, herrajes mal rematados, conductores dañados, aisladores contaminados o húmedos. Es un síntoma clásico de montaje defectuoso o de envejecimiento, y en líneas de muy alta tensión representa además una pérdida de energía apreciable, sobre todo con lluvia.