Todo cuerpo por encima del cero absoluto emite radiación infrarroja, y la cantidad depende de su temperatura. Una cámara termográfica mide esa radiación píxel a píxel y la traduce en una imagen donde cada color corresponde a una temperatura.
En mantenimiento eléctrico su gran ventaja es que se hace con la instalación en servicio, a distancia y sin contacto: una ronda detecta conexiones flojas, desequilibrios de carga, fusibles degradados y sobrecalentamiento de motores sin parar nada. La norma de referencia para la inspección eléctrica es la ISO 18436-7 para la cualificación del personal, y las guías NETA fijan los criterios de severidad.
Sus dos limitaciones hay que tenerlas presentes. La cámara mide radiación, no temperatura, así que necesita el emisividad correcta: sobre metal desnudo y brillante la lectura no es fiable y se trabaja por comparación entre fases. Y solo ve superficies: un defecto dentro de una envolvente cerrada no se manifiesta hasta que calienta la chapa.