La emisividad es la fracción de radiación infrarroja que emite una superficie respecto a la que emitiría un cuerpo negro perfecto a la misma temperatura. Va de 0 a 1: una pintura mate ronda 0,95, el papel o el plástico 0,90, y el metal pulido puede bajar a 0,05.
Una cámara termográfica no mide temperatura, mide radiación, y necesita saber la emisividad para convertir una en otra. Si el valor ajustado es mayor que el real, la cámara subestima la temperatura; si es menor, la sobreestima. En instalaciones eléctricas esto es crítico porque abundan precisamente las superficies metálicas brillantes.
La práctica habitual en inspección eléctrica es no fiarse de la lectura sobre cobre o aluminio desnudos y buscar en su lugar un punto de referencia de emisividad conocida —una cinta mate, la porcelana de un aislador, la carcasa pintada— o trabajar por comparación entre fases, que es inmune al problema porque las tres superficies son iguales.