Un punto caliente es una zona local cuya temperatura se aparta de la de su entorno o de la de las fases equivalentes. En instalaciones eléctricas la causa habitual es una conexión que ha perdido apriete o se ha oxidado: al subir la resistencia de contacto, la potencia disipada crece con el cuadrado de la corriente y el punto se calienta.
Importa porque el proceso se realimenta. El calor acelera la oxidación, la oxidación sube la resistencia y esta vuelve a subir la temperatura, hasta que el contacto se funde o suelta. Detectado a tiempo, el arreglo es un reapriete; detectado tarde, es una avería con salida de servicio.
Se localiza por termografía, comparando siempre entre fases y anotando la carga en el momento de la inspección, porque el calentamiento depende de ella. La práctica habitual clasifica la severidad por el salto de temperatura respecto a la fase sana: unos pocos grados piden seguimiento, y decenas de grados piden intervención inmediata. En un transformador, el punto caliente del devanado es además una magnitud calculada que determina la vida del aislamiento.