En una batería de plomo-ácido, la descarga convierte el material activo de las placas en sulfato de plomo, y la carga lo devuelve a su estado original. Si la batería permanece descargada o mal cargada, ese sulfato cristaliza en una forma dura y poco conductora que ya no se reconvierte con una carga normal.
El efecto se nota como pérdida de capacidad, tensión que cae bajo carga y tiempos de recarga cada vez más largos. Es la causa de la mayor parte de las baterías retiradas antes de agotar su vida teórica, sobre todo en instalaciones estacionarias donde el banco pasa meses en flotación sin ciclar.
Una sulfatación incipiente puede revertirse con ciclos controlados de carga y descarga profunda, que es la base de los procesos de regeneración; una sulfatación consolidada, con las placas ya deformadas o con material desprendido, no tiene vuelta atrás. El ensayo de capacidad es lo que distingue un caso del otro.