Probar un cable de media tensión a 50 Hz exige una fuente capaz de suministrar toda la potencia reactiva que demanda su capacidad, lo que en tramos largos significa un equipo del tamaño de un camión. Bajando la frecuencia a 0,1 Hz esa demanda cae en un factor de 500, y el mismo ensayo se hace con un maletín que carga una persona.
El VLF somete el cable a una tensión alterna de muy baja frecuencia durante un tiempo normalizado, típicamente de 15 a 60 minutos, para poner de manifiesto defectos que a tensión de servicio no dan la cara: arborescencias de agua, empalmes mal hechos, terminaciones contaminadas.
Se aplica sobre todo a cables con aislamiento seco de XLPE y EPR, tras la instalación y como diagnóstico periódico, y suele combinarse con medida de descargas parciales o de tangente de delta durante el mismo ensayo para distinguir un cable que aguanta justo de uno que aguanta con margen.