Ningún aislamiento es perfecto: siempre deja pasar una corriente pequeña hacia tierra o hacia otro conductor. Esa corriente de fuga es la contrapartida directa de la resistencia de aislamiento, y crece a medida que el aislamiento se degrada, absorbe humedad o acumula suciedad conductora en su superficie.
Tiene dos lecturas. Como indicador de estado, su evolución en el tiempo es una señal temprana de deterioro. Como asunto de seguridad, es la corriente que un diferencial detecta y la que puede circular por una persona en contacto con la envolvente, de ahí los límites normativos en instalaciones y en equipos médicos.
En el ensayo de aislamiento con tensión continua la corriente total se compone de tres partes: la capacitiva, que desaparece en segundos; la de absorción, que decae en minutos; y la de fuga propiamente dicha, que es la que queda al final y la que interesa vigilar.