El aceite de un transformador se descompone cuando algo lo calienta o lo atraviesa un arco, y esa descomposición libera gases que quedan disueltos en el propio aceite. El análisis de gases disueltos, conocido por sus siglas inglesas DGA, extrae una muestra y mide cuánto hay de cada uno.
Su valor está en que cada gas delata un mecanismo distinto: el hidrógeno aparece con las descargas parciales, el metano y el etano con el calentamiento moderado, el etileno con el sobrecalentamiento fuerte y el acetileno con el arco eléctrico. El monóxido y el dióxido de carbono señalan degradación del papel aislante, no del aceite.
Lo que importa no es tanto la concentración absoluta como la tendencia y la proporción entre gases. Las guías IEC 60599 e IEEE C57.104 recogen los criterios habituales —relaciones de Rogers, triángulo de Duval— para pasar de una lista de ppm a un diagnóstico. Hoy la muestra periódica de laboratorio convive con los monitores en línea, que vigilan de forma continua el hidrógeno y la humedad.