Los ésteres son líquidos aislantes que sustituyen al aceite mineral. Los naturales proceden de aceites vegetales modificados; los sintéticos se fabrican a partir de ácidos orgánicos y alcoholes. Ambos aíslan y refrigeran igual que el aceite mineral, pero se comportan de forma distinta.
Sus ventajas son concretas. El punto de inflamación supera los 300 °C frente a los 150 °C del aceite mineral, lo que permite instalar transformadores en interiores y en lugares con riesgo de incendio con menos exigencias constructivas. Son biodegradables, lo que reduce el riesgo ambiental de un derrame. Y absorben mucha más agua sin perder rigidez dieléctrica, lo que alarga la vida del papel aislante.
También tienen contrapartidas: mayor viscosidad, que obliga a revisar el diseño de la refrigeración; mayor precio; y criterios de diagnóstico propios, porque los umbrales de gases disueltos y de humedad del aceite mineral no se les aplican tal cual. La IEC 61099 cubre los sintéticos y la IEC 62770 los naturales.